¡Hola, bellezas! Hoy os traigo un post un poco diferente, pero os prometo que tiene todo que ver con el maquillaje. Llevo semanas dándole vueltas a una idea y necesitaba compartirla: maquillarse se parece muchísimo a pintar. Y no lo digo en plan bonito, lo digo en plan técnica.
Todo empezó una noche de scroll infinito, cuando me crucé con los cuadros de una pintora abstracta y me quedé mirando sus texturas como si fueran swatches. Os cuento.

La pintora que me hizo replantearme la base
Se llama Adriana Fernández, vive y tiene su estudio en la ciudad de Ibiza y pinta cuadros abstractos de gran tamaño con acrílico y materia. Si os pasáis por el universo de Adriana Fernández vais a entender enseguida por qué me flipó: sus obras no son planas. Tienen relieve, capas, zonas casi transparentes y otras con muchísima textura. Y todo junto consigue algo que yo llevo años persiguiendo en mi cara: profundidad sin que se note el esfuerzo.
Así que me puse a mirar sus cuadros con ojos de maquilladora aficionada. Y saqué tres lecciones que han cambiado mi rutina.
Tres lecciones que me dio un lienzo
Lección 1: capas finas, siempre.
En pintura existe una técnica que se llama veladura: capas muy finas y translúcidas de color, una encima de otra, que dejan ver lo que hay debajo. En los cuadros de Adriana se ve clarísimo: el color no tapa, se superpone y vibra.
¿Y qué tiene que ver con nosotras? Pues todo. La base aplicada en una sola capa gruesa queda como una máscara. En cambio, si ponéis poquito producto, lo difumináis bien y repetís solo donde haga falta, la piel se sigue viendo piel. Mi truco:
- Prepara la piel con una buena hidratante y deja que se absorba un par de minutos.
- Aplica la base solo en el centro del rostro y difumina hacia fuera.
- Corrector solo donde lo necesites, a toquecitos.
- Fija únicamente la zona T. El resto, que respire.
Lección 2: la textura no es el enemigo.
Esta me costó. Durante años he intentado que mi piel pareciera un filtro: lisa, sin poros, sin nada. Pero mirando sus cuadros con mucha textura me di cuenta de algo: lo que hace bonitas esas obras es justo el relieve. La forma en que la luz se queda en los surcos y resbala por las zonas lisas. Si fueran planas, serían aburridas.
Con la piel pasa igual. Un poquito de textura real, unos poros que se intuyen, unas pecas que asoman… eso es lo que hace que un maquillaje parezca fresco y no de cartón. Desde que lo acepté, uso menos polvos, me maquillo más rápido y, sinceramente, me veo mejor.
Lección 3: la luz lo cambia todo.
Los cuadros con relieve cambian muchísimo según la luz: por la mañana parecen una cosa y al atardecer, otra. Y vuestra cara, igual. Ese maquillaje que parece perfecto en el baño con luz blanca puede verse marcadísimo en la calle a mediodía.
Mi consejo: maquillaos siempre que podáis junto a una ventana, con luz natural lateral. Y antes de salir, echad un vistazo rápido con la luz de la calle. Os vais a ahorrar más de un susto.
Bonus: inspiración de color
Desde que descubrí a esta artista, miro los colores de mis sombras pensando en sus paletas: arenas, azules de mar, blancos rotos, tierras cálidas. Toda su Colección Mediterránea 2026 es un moodboard de looks de verano. Probad a hacer un look solo con esos tonos y luego me contáis.
Al final, maquillarse no es taparse. Es pintar con cariño sobre una superficie que ya es bonita. Y esto, chicas, me lo enseñó un cuadro.
